Las bacantes, de Eurípides


 

Un dios despedazado y forastero

arrebata sublime a las danzantes,

y en la montaña embriaga a las bacantes

con el vino, la lira y el pandero.

 

Cada golpe de risa es un reguero

de estrellas infinitas resonantes

pues convocan las artes nigromantes

un súbito calor que tiñe enero.

 

La melaza de la naturaleza

se torna una corriente que extasía

y que bebe escondida en la maleza

 

la bacante, fermento y agonía,

mientras arranca horrible la cabeza

a su hijo al que mataba y no veía.

 

Marcos Santos Gómez

 

 

 

 

Publicado por

Marcos Santos

Licenciado en Filosofía y Doctor en Pedagogía. Profesor en la Universidad de Granada, bloguero y escritor de relatos en internet.