A Lovecraft

 

No debe ser mirado nuestro centro,

que vislumbraste allá en Nueva Inglaterra,

el núcleo material que alberga dentro

ocultos trascenderes de la tierra.

Un pozo de sustancia abominable

segrega su alquitrán lento y oscuro

tiñendo con su náusea detestable

el mundo, que se torna más impuro.

Todo ello obsesivo adivinaste,

el infinito horror de la materia;

tu desmedida prosa perfilaste,

cercado por la tenebrosa histeria.

En un rincón de Providence me esperas

hilando tras tu muerte mis quimeras.

Marcos Santos Gómez

Al Peñón de Gibraltar

 

Un protohombre que pisaba el suelo

de una alfombra de lasca mojada,

acaso mudo su oración cansada

grabó en ti, con tembloroso celo.

 

Cuando la tempestad tiñe tu cielo

tu pétrea cavidad ensimismada

resguarda una verdad muy olvidada

que cubres con tu pedregoso velo.

 

La vanitas de griegos y romanos

es el necio tesón de protohumanos

que arrancaron sus uñas descarnadas

 

por rasgar a la agreste prehistoria.

Hoy ausentes de la roca y la memoria,

las uñas y las preces desahuciadas.

 

Marcos Santos Gómez