Sórdidamente

 

 

Más allá de la vida me despliego

y en tus resquicios me demoro a veces.

Vienes, me asfixias y te desvaneces.

Es dulce afrenta, un látigo tu juego.

 

Me engaño al confundirte con un fuego,

a ti, que a nada vivo te pareces;

a ti, que en llamaradas me estremeces,

que si te invoco, no te hallo luego.

 

Al fondo de tu alma los horrores.

¡Qué paz cuando por ti me desespero!

Si no me matas, pálido me muero.

 

De tus ojos me pudren los fulgores,

la nada brilla en ellos y me gusta.

La nada ya no muerde ni me asusta.

 

Marcos Santos Gómez

Insomnio

 

 

Este insomnio convoca una tragedia,

mientras leo en la noche mortecina

Edipo cuyo enigma atroz camina

del horror que es él mismo y  que le asedia.

 

De Dámaso y Madrid a Wikipedia

siento el mal que terrible se avecina

quien más días se añade desatina,

leo escrito en la insomne enciclopedia.

 

Que todo es desvarío ya se ha dicho,

por Calderón, Gracián, el gran Quevedo.

La verdad como tópico perece

 

esta evidencia siento aquí en mi nicho.

Y de tanto decir lo que no puedo

soy mudo ensombrecido que fallece.

 

Marcos Santos Gómez