La estatua de cera de Voltaire en el museo de Madame Tussauds


 

La Ilustración mordaz recuerda triste

la indiscreción soez del terremoto;

el mundo es ciegamente un eco ignoto

e irresoluble duelo que persiste.

 

Voltaire desde su nada nos asiste

con agria lucidez de sueño roto.

Ulises ya comió la flor de loto

para olvidar su patria, que no existe.

 

Yace ajado su viejo desconcierto,

su empolvada peluca que medita

desde el galante pabellón incierto.

 

Con corazón de cera resucita

la callada razón del hombre muerto

que anonadado y trémulo musita.

 

Marcos Santos Gómez

Publicado por

Marcos Santos

Profesor en la Universidad de Granada, bloguero y escritor de poemas y algún que otro relato en internet.