La tormenta


 

En muda persistencia el sol opone,
al ojo que mastica la tormenta,
su tenue evocación, cuando se ausenta
en la llovizna que lo descompone.

Rudo caudal de vientos y agua negra
el día exilia, borra y desfigura,
llueve una sombra en cuya desmesura
la tierra como el mar se desintegra.

Es entonces del astro la memoria
su luz, que brilla más porque no llega
y cuando ya no habita la jornada.

Con invisible afán, presencia y gloria
afirma el esplendor que se le niega,
su muerta luz, su gaseosa nada.

Publicado por

Marcos Santos

Profesor en la Universidad de Granada, bloguero y escritor de poemas y algún que otro relato en internet.