Una piedra cae dentro del agua


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Una piedra cae dentro del agua

 

De qué manera cae

en el curso de la corriente,

cuando ésta se detiene en sombrío remanso ensimismada,

una piedra súbita y alegre

en cuyo descenso subacuático genera lentas danzas

que llegan a puntos recónditos del encorsetado cauce.

 

Gracias al invisible y discreto frenesí

todos los puntos, tarde o temprano, del serio remanso

acaso acaban siendo tocados por la caricia invisible

de las múltiples ondulaciones

imperceptibles,

del agua vertida sobre sí misma,

revuelta en cadena, molécula a molécula,

rota su prisión, el muro que ella a sí misma interponía,

por absorber el abismo de la piedra desafiante,

por padecer su vértigo,

su caída libre,

su proyección hacia un eje,

a un centro invisible, 

que sentimos más allá del duro golpe

contra el fondo de más piedras y algas,

más allá de la tenaz opacidad del sólido fondo,

de la brusca intersección que lo niega y bloquea.

 

Y es este término ausente,

insinuado apenas,

la meta del baile, o su origen acaso,

el centro secreto,

sombra de todos los centros,

como imagen en un espejo,

pero que precede de algún modo a los cuerpos reflejados,

un centro que sin embargo está fuera de todos los centros,

o después de todo después,

como un punto que nunca estuvo ni estará jamás,

como algo que no ha sucedido nunca

pero cuya presencia incomprensiblemente perturba todo el remanso

y sin lo cual

no habría baile ni fiesta.

 

Marcos Santos Gómez

 

 

 

 

 

Publicado por

Marcos Santos

Profesor en la Universidad de Granada, bloguero y escritor de poemas y algún que otro relato en internet.