Kafka en la orilla


Arnold-Böcklin-Die-toteninsel-1886-Leipzig

Kafka en la orilla

 

El sueño me acaba venciendo noche tras noche,

y suavemente me deslizo,

como remando en una barca por mansas aguas muy frías,

con los párpados pesados, unidos firmemente,

por alguien que llega a cosérmelos

para que mantenga los ojos bien cerrados,

la respiración casi detenida,

y el cuerpo como un pesado lastre,

y bogue hacia una isla que luego no recuerdo bien

pero en la que una parte de mí queda allá atrapada

ya para siempre.

 

En ese lugar sombrío sigo dictando mis clases,

y prosigo mi rutina al caer la noche.

Anoche, sin ir más lejos, explicaba tecnicismos

y me decía a mí mismo que eran palabras

cuyo uso los alumnos debían aprender

para ser más libres y capaces.

De mi discurso tan sólo, en la vigilia,

he logrado recuperar,

de lo que ha quedado sumergido en la isla,

la palabra, el tecnicismo,

“dualismo”.

“Dualismo”, “dualidad”,

 

Cruzo la frontera todas las noches.

Me espera la isla, su boceto, la isla que no logro recordar después en la vigilia,

pero en la que algo de mí se queda atrapado siempre.

Después, en la confusa vigilia siento que me falta ese algo,

que hay un trozo de mí que pasea por otro sitio,

que dicta otras clases a otra gente,

que acaso sean las verdaderas clases.

Y paso el día añorando la noche.

Del mismo modo que paso la noche añorando el día,

porque en la isla también, creo recordar, siento la nostalgia,

siento que he perdido algo que me he dejado atrapado en la vigilia,

que parte de mí se la ha quedado el día

y anda dictando clases a otra gente.

 

Cruzo, pues, una y otra vez, el mismo límite,

la misma orilla,

lanzándome a remar las mismas aguas

aciagas y tenebrosas.

 

Marcos Santos Gómez

Publicado por

Marcos Santos

Profesor en la Universidad de Granada, bloguero y escritor de poemas y algún que otro relato en internet.